Cuando observaba la emocionante despedida que se le brindaba al expresidente Raúl Alfonsín, inmediatamente se vino a mi cabeza las imagenes documentales de otros funerales célebres de políticos argentinos como el de Hipólito Yrigoyen, Eva Duarte y el de Juan Domingo Perón. Las muestras de dolor y gratitud de hombres y mujeres, las multitudes siguiendo el cortejo fúnebre, los honores de Jefe de Estado que se le brindó en el Congreso de la Nación, los discursos de diferentes personalidades del ámbito político, el seguimiento de los medios de comunicación, la avalancha de noticias, en definitiva está conmoción que significó para el país la muerte de Raúl Alfonsín. ¿Qué decir de él? ¿Qué recuerdos me vienen a la cabeza?. El primero el entusiasmo que me generó su figura siendo un niño de siete años. Veo en el pasado mi habitación empapelada con las boletas de los diferentes partidos políticos y su boleta, la número tres, por encima de todo. Pienso en mi padre que lo votó, siendo peronista. Aquella mística frase de "con la democracia se come, se educa y se cura". La ceromonia de asunción, la alegría del pueblo, aquella nueva esperanza que se abría para nustro pueblo. El célebre "Señores jueces, nunca más". Vienen otros recuerdos pocos felices. Los australes, semana santa del 87, la crisis energética que nos dejaba sin radio ni televisión, la falta de alimentos, la hiperinflación, la salida anticipada del poder.
Su gobierno estuvo signado de elementos nefastos a los cuales tuvo que combatir y los cuales minaron su poder de acción. Tuvo que enfrentarse con el poder de los militares, luego de juzgar a la cúpula de la última dictadura militar, también se enfrentó a los sectores liberales, entre ellos la Sociedad Rural Argentina que lo silbó en sus presentaciones en la rural, a los sectores financieros que generaron un golpe económico contra su gobierno que tiraron por la borda el plan austral y generaron la hiperinflación, también debió lidear con el aparato sindical peronista encabezado por Ubaldini que decretó 41 paros nacionales. No fue un gobierno fácil con decisiones como el decreto de obediencia de vida, que hoy vistos con el tiempo parecen entendibles y menos cuestionables.
Tal vez el Alfonsín posterior a su gobierno fue aquel que menos simpatía me despierta, el del pacto de Olivos, el de la alianza y del senado. Pero a pesar de todos los errores, si ponemos en la balanza lo bueno y lo malo, sus aciertos fueron los mayores.
















